Antonella nació con una patología conocida como mielomeningocele, un tipo de espina bífida que no le permite caminar por sus propios medios y para desplazarse es necesario el uso de un andador.
Tiene cuatro años y es alumna del Jardín de Infantes Francisco Ortíz de Ocampo, en Berrotarán, donde tiene unas compañeras que valen oro. Se conocen y comparten actividades desde salita de tres y para ellas, la inclusión es tan natural como lavarse las manos. Sí, una acción tan simple y cotidiana que bañó de solidaridad a todos.
Primero construyeron la rampa, luego bajaron las piletas para el lavado de manos y cambiaron las canillas por unas de manejo más sencillo. Ahora están trabajando en una nueva sala con baño adaptado y una hamaca especial para personas con discapacidad.