Los seguidores de Instagram se habrán percatado del aumento de la etiqueta #blackfood. Es una de las últimas tendencias de los conocidos como ‘foodies’, los amantes de la gastronomía en las redes sociales muestran y comparten sus tendencias con sus seguidores.
Pero el principal ingrediente para lograr el color de estos platos es el carbón activado, que cosecha críticas y elogios.
Procedente del carbón vegetal, de la cáscara de coco o del bambú, se somete a altas temperaturas hasta carbonizarse, y las cenizas resultantes se procesan con vapor o aire a temperaturas similares hasta conseguir una estructura microporosa.
Sus detractores señalan, entre otras cosas, que este colorante alimentario no aporta nada en lo nutricional, ni tampoco contribuye a descubrir nuevos sabores o potenciar los ya existentes.
El problema es que captura todas las moléculas que encuentra a su paso, sin distinguir entre las perjudiciales y las que no lo son. Así que al ingerir un helado o un pan negros, el carbono arrastra calcio, potasio y otros nutrientes y los expulsa con el carbón.
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