Características individuales del comportamiento humano como la pereza, la impaciencia, o la prudencia, son ‘contagiosas’, lo han demostrado neurofisiólogos franceses.
Los científicos han encontrado que las personas y muchos animales son propensos a bostezar, rascarse o imitar de forma inconsciente sentimientos de los demás, si otros en su entorno lo hacen o lo sienten.
Encontraron en los cerebros de los ratones una zona responsable de ese contagio. Esto implica que la imitación de las emociones y los gestos tiene unas raíces más profundas de lo que se pensaba en los círculos académicos.
La razón de este fenómeno psicológico puede radicarse en la capacidad del ser humano de ponerse en el lugar de los otros para tratar de resolver sus motivos e intenciones. Los científicos están convencidos de que este fenómeno puede también influir —en ambas direcciones, como si de un espejo se tratase— en trastornos mentales como la esquizofrenia y el autismo.
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