Nueva moda. Tomar leche materna ¿Lo harías?

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Para muchos probar la leche materna puede resultar una experiencia ‘desagradable o asquerosa’, ya que el hecho de que provenga de un ser humano les produce cierto repelús o rechazo, mientras que otros tienen una enorme curiosidad por descubrir cómo es su sabor.
De hecho, no son pocas las madres que deciden probar su propia leche. Tampoco es extraño encontrar webs donde algunas madres venden o donan ese nuevo ‘oro líquido’ –tal y como lo han bautizado– y por el que se llegan a pagar grandes cantidades.
Es el caso de  Only The Breast, una comunidad de madres estadounidenses que llegan facturar unos 18.000 euros al año vendiendo su excedente a adultos desconocidos para su consumo. Del mismo modo, Rafaela Lamprou también se dio cuenta de lo lucrativo que resultaba este negocio. Tras dar a luz a su primer hijo, comenzó a almacenar en el congelador toda la leche que le sobraba y a venderla por Internet a otras madres que la necesitaban.
Los peligros de consumir leche materna
“El problema es el control de estas leches que no están reguladas. Una leche que no esté pasteurizada puede producir problemas infecciosos, ya que proliferan bacterias en la misma. Además, si desconocemos el origen de la leche, también desconocemos si la madre que la vende padece alguna enfermedad infecciosa transmisible como sida, sífilis, hepatitis….”, asegura el Dr. Valentí Pineda, presidente de la Societat Catalana de Pediatria y miembro de l’Acadèmia de Ciències Mèdiques de Catalunya. “Se trata de un riesgo de seguridad sobre su procedencia y si está almacenada con ciertas garantías para el consumo”, concluye el experto.
Sus posibles beneficios
A pesar de que ahora su venta ha proliferado en internet prometiendo panaceas como el aumento de la potencia sexual, la mejora del rendimiento físico en deportistas o incluso la prevención del cáncer, Pineda asegura que ninguno de estos ‘milagros’ están demostrados científicamente.
Además, explica que para un adulto no tiene las mismas ventajas que para un niño pequeño -ya que no está en edad de crecimiento- pero, si está bajo control, se conoce su procedencia y está pasteurizada, no hace daño”.
Lo que sí está demostrado son los beneficios que reporta al recién nacido, ya que una de las mayores propiedades que presenta es que su composición varía a lo largo de los meses, adaptándose a las necesidades y crecimiento del niño.
 “Primero comienza con el calostro, rico en proteínas y sales minerales, con una escasa proporción de lactosa. Aunque en general, contiene menos proteínas y caseína que la de vaca o la leche artificial. Sin embargo, posee más inmunoglobulina A, esencial para crear defensas”, afirma el pediatra.
“En cuanto a los hidratos de carbono, lleva más lactosa hacia el final de la lactancia, pero esto ayuda a que se absorba mejor el hierro y el calcio, así como genera lactobacillus (probióticos naturales) en el intestino del niño. Mientras que, en lo que a grasas se refiere, el porcentaje va variando mucho a lo largo de los meses y las necesidades”, sentencia.

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