Hace 67 años Argentina lloraba a Evita, única e irrepetible

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La noche del 26 de Julio de 1952 se anunció el “paso a la inmortalidad” de Eva Duarte de Perón por la cadena nacional de radiodifusión. La congoja popular convirtió su despedida en uno de los hechos de masas más importantes de la historia argentina.
Un día como hoy, pero de 1952, María Eva Duarte de Perón fallecía en Buenos Aires y millones de argentinos la despedían en las calles. “La mujer más importante de la historia”, “abanderada de los humildes”, no fue presidenta, ni vice; pero sí la impulsora de un trabajo social en defensa de los postergados del poder. Fue primera dama, amada por su pueblo, odiada por la oligarquía y respetada por el mundo entero. Murió con apenas treinta y tres años; y solo seis le bastaron para transformarse en parte de la historia.
Conoció a Juan Domingo Perón cuando tenía 24 años y él, ya teniente general y hombre fundamental de la Revolución de 1943, casi 50. Se casaron en 1945 días después del recordado 17 de octubre, cuando la clase trabajadora salió a la calle para pedir la liberación del entonces Coronel Perón. Al año siguiente era elegido Presidente de la Nación. Eva lo acompañó, logrando rápidamente ser protagonista de la primera escena nacional.
Impulsora de los derechos políticos de las mujeres, creadora del Partido Peronista Femenino y de la fundación de ayuda social; representó a los más necesitados de la Argentina, a los trabajadores, a las mujeres, a los suyos. Hija de la pobreza y del rechazo, logró revertir la historia y así, desde el poder, dirigir la mirada del gobierno hacia los humildes y vulnerados. Ella encarna el sentido más peronista del Movimiento Nacional y Popular que tiene como exponente a su marido. Pero más allá de eso, es la lucha hecha amor y odio, realidad y mito.
El llanto del pueblo
Con su cuerpo abatido por un cáncer de útero, Evita entró en coma el 26 de julio de 1952 en horas de la mañana y, según la historia oficial, su deceso se produjo a las 20.25. Poco después de una hora, el locutor Jorge Furnot le confirmaba la triste noticia del “paso a la inmortalidad” al país por la cadena nacional de radiodifusión
Sus restos fueron velados por más de 15 días: primero en el Ministerio de Trabajo y luego se trasladaron al Congreso. Medio millón de personas desfilaron y besaron el féretro de cristal en que su cuerpo se encontraba inmóvil bajo una bandera argentina.
Luego, su cuerpo fue embalsamado y depositado en la sede de la CGT a la espera de que se le construyera un mausoleo, algo que la caída del peronismo frustró.
Tras el golpe de septiembre de 1955, el cadáver de Evita fue secuestrado y peregrinó durante años por distintos lugares, hasta que recibió sepultura con la falsa identidad de una monja en un cementerio de Milán, Italia. Recién en 1971, sus restos fueron entregados por agentes del Servicio de Información del Ejército (SIE) a Perón en España, donde se encontraba exiliado por entonces.

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