CORONAVIRUS-LO ATAMO’ CON ALAMBRE, o el relato de que si estamos vivos es de milagro

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Se los cuento en primera persona porque es una historia que me tocó vivir de cerca.

Mamá lleva a beba de ocho meses al dispensario de una localidad cordobesa porque hace días que no le baja una fiebre alta y tiene la garganta muy roja, entre otros síntomas; en el centro médico deciden derivar a la pacientita hacia otro de mayor complejidad de una localidad cercana donde, luego de descartar posibles enfermedades comunes, análisis de sangre y orina mediante, le realizan una prueba serológica (diagnóstico rápido) para saber si lo que causa los síntomas que se observan en la nena es Coronavirus.
Hasta ahí todo normal, después todo mal.

Cuando el resultado serológico arroja la presunción de Covid19 se encienden todas las alarmas, le realizan el hisopado a la beba (antes de eso les dicen a los padres que esperen afuera, «en la parada del colectivo», «porque adentro no hay dónde y pueden contagiar») y, ya no tan alarmados, les explican que deben volverse a su domicilio, encerrarse y no salir para nada de nada, y esperar el resultado el siguiente martes (es viernes), nada dicen de hisopar a los padres, no averiguan cómo se van a trasladar a su domicilio (para verificar que no vayan contagiando en el camino, por ejemplo), y tampoco se dispone nada para asistir a esta familia que debe quedarse encerrada cuatro días y no debe salir a buscar ni agua.

Al día siguiente (sábado), viendo que la alta fiebre de la bebé no baja, la madre trata telefónicamente, de averiguar qué hacer y, ante la falta de atención se dirige nuevamente al dispensario de su localidad de donde es echada de mala manera sin brindarle atención ni respuestas.
Por relaciones personales que nada tienen que ver con la medicina se logra ese mismo sábado que escuchen a la madre, se atienda nuevamente a la beba y se disponga su inmediato traslado al Hospital de Niños de la ciudad de Córdoba por presunción de Coronavirus (es necesario aclarar que sin esas relaciones no habría habido ninguna respuesta).

Desde el sábado la bebé y su mamá se encuentran aisladas en el nosocomio, aún no llega el resultado del hisopado realizado el pasado viernes (hoy es martes), según trascendidos extraoficiales la ficha que se conforma junto con la muestra se llena a mano y cuando esta tiene un error, o no se entiende la escritura, queda traspapelada porque nadie sabe a quién pertenece la muestra tomada, tampoco nadie toma ninguna otra medida para resolver la situación y brindarles atención si sufren el virus o descartarlo y así no seguir gastando recursos y permitir que la familia retome la vida cotidiana.

Conclusión, después de cinco días nadie sabe si la bebé tiene Coronavirus o no, porque la muestra fue extraviada y «habría sido ubicada pero todavía no llegó» y porque nadie decide si es pertinente hacer un nuevo hisopado (es increíble que en este caso de una enfermedad que causa la muerte nadie tome esta decisión), tampoco nadie sabe si sus padres también lo tienen, porque nadie les hizo un hisopado; y para peores, ante tantas indefiniciones la situación queda en un limbo que nadie resuelve.

Hay una beba con su mamá que lleva cuatro días de internación ante la presunción de una enfermedad que nadie puede confirma si la tiene o no, o sea que en el mejor de los casos se está perdiendo tiempo y recursos a mansalva.

Hay una familia (mamá y papá) que se encuentran en cuarentena por un «por las dudas» que ya lleva cinco días, cinco días en que la mamá no ve la luz del sol y el papá no puede ir a trabajar ni explicar en su trabajo si oficialmente está en cuarentena o no y si es no porqué estaría faltando.

Acá faltó contarles el apuro de los políticos envueltos en esta historia, muy apurados en deslindar responsabilidades, sacarse de encima a la bebé y demostrar que se preocupan, faltó contarles que en el camino nos enteramos de que se retacean los números de muestras a realizar porque no alcanzan, que no se envían a analizar los fines de semana porque no se da abasto, y que, en la intimidad, piden por favor que no se haga pública la situación para no verse perjudicados.

Conclusión última, estamos vivos de milagro, el sistema funciona mal, a mano, sin una cadena que permita verificar y eficientizar el proceso y en el medio nosotros los ciudadanos pidiéndole a Dios no contagiarnos porque, viendo cómo se hacen las cosas, si nos salvamos es de milagro.

Daniel Ponce, Director de Nuestra Córdoba

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