Camila Murias, Sol Zavala y Flor Decall protagonizaron algunos de los últimos largometrajes realizados en Córdoba. Un pasado, presente y futuro repleto de proyectos.
Tienen menos de 30 años y una potencia arrolladora: las tres participaron en producciones audiovisuales cordobesas premiadas aquí y en el mundo. Comparten la pasión por la actuación y el desenfreno necesario para enfrentar nuevos desafíos.
¿Qué las inspira y desafía a moverse? Son mujeres que avanzan sin pausa y que encarnan diversos roles. Camila Murias se enfundó en la piel de Ana, una de las víctimas del violador serial Marcelo Sajen, en La noche más larga de Moroco Colman, producida con apoyo del gobierno de Córdoba a través del Polo Audiovisual Córdoba – Agencia Córdoba Cultura, y que acaba de ser premiada en el Festival de Oldenburg en Alemania.
Sol Zavala y Flor Decall, quienes compartieron set en Atlántida, la ópera prima de María Inés Barrionuevo que las llevó hasta las luces del Festival de Berlín, también son las primeras figuras de otros títulos recientes de la producción cordobesa.
Plantar una semilla
Sol Zavala estudió cine, es cordobesa, tiene la determinación necesaria para construir un camino lejos de casa y un barquito tatuado en el brazo: lo dibujaba su personaje en Atlántida, película de Inés María Barrionuevo, que significó un antes y un después en su carrera.
Hace un año que vive en Barcelona y cuenta que hasta entonces, en Argentina, tuvo la fortuna de participar en cuatro películas, series de televisión, cortometrajes y obras de teatro y que hace apenas unos días estrenaron Mañana tal vez, ópera prima dirigida por Florencia Wehbe, en el Festival Internacional de Cine de Guayaquil.
Desde aquel lado del mundo vivió el lanzamiento de la serie web Jet Lag, producida por El Calefón y transmitida via Instagram.
Sobre su forma de transitar la profesión, dice: “Cuando encaro un proyecto es como plantar una semilla, sabiendo que al fruto no lo vas a recoger en el momento. Si bien es una experiencia increíble, ver el resultado final lleva su tiempo”. Explica que al estar lejos de casa, recibir el calor de un recuerdo cuando ve una película o una serie, es fundamental. “La distancia física es dura”, remarca.
En suelo barcelonés está puesto su foco: está trabajando en una obra de teatro -con ganas de estrenar a fin de año-, participó en diversos proyectos audiovisuales y otros más vienen en camino. Entusiasmada, siente que nunca paró y está agradecida por eso.
Mujeres reales
Camila Murias tiene 29 años y cuando habla a cámara, el mundo parece detenerse. Nació y vive en Córdoba Capital, aunque la mayor parte de su vida transcurrió en las sierras chicas. Es Licenciada en Teatro por la Universidad Nacional de Córdoba y acaba de protagonizar La noche más larga, de Moroco Colman, que aborda la historia del violador serial Marcelo Mario Sajen.
Prolífica, avanza con la fuerza de un río en teatro y en cine. Actuó en Salsipuedes (2012), Olimpia, camino a la gloria (2015), Animal Moribus (2018), Zonda fue el futuro (2018), por mencionar algunas producciones audiovisuales.
Hace cinco años, en el marco de la Bienal de Buenos Aires, Camila vio una obra en el Konex y su universo creativo se expandió: se trataba de Todos contentos, un homenaje al grupo El Descueve. La obra dejó una marca de fuego: “Fue una producción que me generó ganas de crear más y de otros modos. Me abrió otro espectro, el de un trabajo escénico donde había un caos agradable con muchísimos disparadores”, afirma.
Las mujeres que la inspiran son contemporáneas y están cerca: su madre y sus amigas. Profundiza: “Mi mamá tiene mucha fortaleza y conocimiento. Es alguien que me estimula a seguir creciendo y con quien he tenido grandes y profundas charlas. Me inspiran muchas mujeres de mi familia y amigas”. Las siente reales, afrontando las circunstancias de la vida.
De eso se trata el arte
Flor Decall envía audios desde José de la Quintana, en el Valle de Paravachasca. Con ella, llegan el viento, los pájaros, el sol. Tiene 26 años y múltiples actuaciones en su haber: El espacio entre los dos, de Nadir Medina; Atlántida, de Inés María Barrionuevo; y El último verano, de Leandro Naranjo.
Grimorio, de Octavio Revol Molina (terminada pero aún no estrenada), es el último film en el que participó. Cuenta que lo más impresionante fue encontrarse con un mundo de fantasía, con un nivel de locura alucinante: “De repente rodaba una cabeza en el medio del set y se llenaba de sangre falsa. El diseño de arte fue lo que más me llamó la atención. El despliegue y la cantidad de gente trabajando detrás del set”.
Ante la pregunta, ¿quién te gustaría que te dirija en un futuro? Flor responde Lucrecia Martel, rotunda. La mueve la curiosidad y la necesidad de que la lleven a los límites: “Tengo sed de trabajar con un guión a nivel literario potente, con diálogos fuertes. Que tenga la palabra como un gran peso”, afirma.
En cuanto a la realización audiovisual en Córdoba, dice: “En Córdoba, el punto débil es la distribución de los proyectos. Y el punto fuerte es hacerlos. Hacerlos, porque no concebís tu vida sin hacerlos. Se piensa el proyecto de esa forma: lo voy a hacer, juntamos el dinero y la gente como sea y todos apostamos”.
La parte más difícil es que se muestre, menciona Flor y que, al fin y al cabo, las cosas se hacen para compartirlas. Que de eso se trata el arte.
Un presente desafiante
En el marco de la pandemia y sobre el desafío que representa la actualidad, Camila reflexiona: “Estamos atravesando un contexto de pandemia que nos ubica en un lugar de emergencia cultural que hay que atender, porque obviamente está en riesgo nuestro trabajo y hay mucha incertidumbre sobre cómo va a seguir todo”.
Camila destaca que en Córdoba hay muchos artistas y que por suerte cada vez hay más: “Es algo que va creciendo. Además, hay muchísima variedad de propuestas tanto teatrales como audiovisuales”.
Esto permite, explica, que las creaciones lleguen a un público cada vez más amplio y a la posibilidad de expansión de las creaciones locales de modo nacional o internacional. “Hay muchísima creatividad y grandes equipos de trabajo en Córdoba”, afirma.
Sobre el futuro, Sol Zavala, dice: “Tengo esperanza porque hay muchas voces que tienen muchísimas ganas de contar. Cuando comencé la facultad, allá por el 2015, con toda esa ilusión y auge del cine cordobés, éramos muchos los estudiantes con ansias de salir a la cancha”.
Cierra con esta reflexión: “Sé que hay una generación de técnicos y técnicas que están con muchas ganas de contar y aportar. Apenas se retome la actividad, puede esperarse una segunda ola muy hermosa”.
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