Dos enviados del Vaticano llegaron a Mendoza para tratar de echar luz sobre los sucesos ocurridos en el Instituto Antonio Próvolo de Luján de Cuyo. La comisión investigadora, integrada por los sacerdotes Dante Simón y Juan Martínez intentó tener contacto con las víctimas y sus familiares para avanzar con la causa canónica.
Se generó gran rechazo que Simón, uno de los dos enviados de la Santa Sede, le dijera al medio Mendoza Post que a veces “hay personas despechadas. Por ejemplo, una chica, un chico… se enamora de un sacerdote, y éste no le responde. Tan despechado puede ser el varón como la mujer. Entonces, lo denuncian”.
Esta es la entrevista completa publicada por el Diario Mendoza Post.
– Hay mucha suspicacia sobre su motivo para acercarse a las víctimas. ¿Qué dice de eso?
– El centro de la investigación son las personas denunciantes, no los sacerdotes denunciados. Es muy difícil que un denunciado te diga que sí, que es verdad. A no ser que haya una confesión.
– ¿Sucede eso?
– Es rarísimo. Lo niegan. Lo niegan o son realmente inocentes. Yo no puedo cerrar mi investigación habiendo escuchado a Corradi y a Corbacho. Sería negligente de mi parte. El centro de la investigación son los denunciantes, los testigos y las pruebas. Finalmente yo tendría que ir a decirles a Corradi y a Corbacho: “¿Qué dice usted de esto?”.
– ¿Qué cree que piensa la querella?
– No lo sé.
– ¿Desconfía?
– Claro, parece que desconfían.
Ante la requisitoria sobre el pedido de la querella, Simón dijo: “La querella ¿hasta qué punto está trabajando por el bien de las víctimas o por su orgullo? Yo podría escuchar a los padres, los padres podrían aportar pericias. No hay que interferir, al menos.” Y agregó: “En definitiva, ¿qué estamos haciendo con todo esto? Retrasándole la justicia a las víctimas. Yo me pongo en el lugar de una víctima. Con toda esa información, yo ya podría haber elaborado un informe y con eso la Iglesia hubiese hablado. Hubiese sido un consuelo para las víctimas y sus padres.”
El instituto del terror.
– ¿Los familiares de las víctimas quieren hablar con usted?
– No lo sé. Lo sé por boca de la querella.
Sobre las sospechas sobre un posible encubrimiento de la Iglesia, el vicario declaró: “Si la querella sabe que la Iglesia esconde algo, que lo denuncie”.
– ¿Esto estanca la investigación canónica?
– Por ahora, sí. Pero como la verdad brilla, se abren ventanas. Cuanto más, se suspenderá por un tiempo. Hay que llegar a la verdad. La Iglesia quiere saber si Corradi y Corbacho son culpables o no. Nosotros hemos venido a buscar la verdad. Si duele, que duela. Leer sobre lo que se publica sobre los posibles delitos nos destruye, nos horroriza, nos llena de vergüenza, de dolor.
– ¿Cuántas causas ha investigado usted?
– Ocho. Menos una, todas llegaron a Roma. Ahí deciden.
El pedido de Justicia en Mendoza es unánime.
– ¿Todas de abusos sexuales?
– Claro. Algunas han sido desestimadas. Porque también hay personas despechadas. Por ejemplo, una chica, un chico… se enamora de un sacerdote, y éste no le responde. Tan despechado puede ser el varón como la mujer. Entonces, lo denuncian. Y como hay que intervenir de oficio, ante la denuncia, hay que intervenir. Entonces muchas causas son desestimadas. La querella dice “los hechos han sucedido y ya están condenados”. ¡Está en la Fiscalía! No ha dicho el juez que son culpables.
Además, el vicario se refirió a la condena de parte de algunos sectores de la sociedad cuando se refirió a Corradi como “padre”.
– Padre Corradi sigue siendo padre. Corrupto, santo, qué sé yo. Hasta que se muera va a ser sacerdote. Nunca va a dejar de serlo.
– ¿Aun expulsado?
– Sigue siendo sacerdote, pero expulsado.


