Ver galgos paseando su elegante figura junto a sus adoptantes por las calles se volvió habitual, aunque esa postal esconde un problema que va mucho más allá de las típicas tendencias de que protagonizaron otras mascotas urbanas.
La moda de los galgos difiere del estrellato que en su momento tuvo el collie a raíz de la popular serie Lassie, el dálmata tras «La noche de las narices frías» y, recientemente, el bulldog preferido por chicos y chicas hipsters o el chihuahua, habitué en bolsos de personajes del jet set internacional.
En nuestro país no hay criaderos oficiales reconocidos por la Federación Cinológica Argentina porque el galgo que tenemos aquí es el «criollo», resultante de una mezcla entre el greyhound irlandés y el galgo español, éstos dos últimos representantes de la raza pura.