A sus 29 años, Jack Page podría ser considerado el viajero más desafortunado del mundo, un auténtico imán para los desastres. Este gestor de eventos lleva más de 10 años viajando alrededor del mundo y todo lo que apunta en su diario son historias del tipo “ayer me vi abandonado en una isla desierta” o “me acaba de embestir una vaca”.
Evidencia número 1
“El año pasado estaba en la India. Discutía con un conductor de tuk tuk que trataba de estafarme cuando una vaca apareció de la nada y cargó contra mi novia. Ella se apartó, a mí me embistió y di con la cabeza contra el suelo”.
Evidencia número 2.
Mientras visitaban la isla de Borneo, Jack y su pareja decidieron que aquello era demasiado turístico; de manera que tomaron una barquita hasta otro islote más pequeño y totalmente desértico. “Llevábamos algunos suministros con nosotros y pensamos que estaríamos bien, pero al volver de una excursión nos dimos cuenta de que un grupo enorme de lagartos había saqueado nuestra comida”.
Evidencia número 3
De todas las anécdotas que cuenta Jack, hay una en la que temió por su vida. Fue cuando subió al campo base del Monte Everest. Durante una caminata de 23 días por el Himalaya, el viajero sufrió un caso severo de giardiasis (infección parasitaria del sistema digestivo).
Los síntomas empeoraron por los efectos de la altitud y tuvo una mala reacción a la medicación. Poca broma. “Realmente pensé que iba a morir allí –cuenta el inglés a Daily Mail– Yo estaba inquieto por la devastación que causó el terremoto en Nepal y por las historias de otros escaladores que murieron por mal de altura. Me sentía terrible y los efectos del medicamento eran preocupantes; fue muy difícil diagnosticar mi mal”.
Evidencia número 4
Segunda experiencia cercana a la muerte. Jack viaja a Myanmar y sucede lo siguiente: “Estando allí vi a un soldado birmano que amenazaba con disparar a otro turista después de que nuestro tren descarrilara en medio de la jungla. Estuvimos allí 36 horas, atrapados en una parte de Birmania en la que se suponía que no podíamos detenernos”.
Evidencia número 5
«Cuando visité Chernobyl me atraparon en una manifestación. Inconscientemente me vi metido en medio de una protesta política, con más de 500 policías frente a ellos preparados para darla por concluida. En ese momento, los manifestantes arrojaron patatas contra el edificio del parlamento y me pareció de lo más divertido, así que hice lo mismo. Un oficial me pidió que borrara todas las fotos que tenía. Después puede irme sin problema”.
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