El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, aprobó el cierre de la isla turística de Boracay durante seis meses luego de afirmar que las aguas de sus famosas playas de arena blanca se habían convertido en una «cloaca» por la sobrepoblación y el desarrollo.
Duterte aprobó el cierre total de Boracay como destino turístico a partir del 26 de abril en una reunión de su gobierno el miércoles en la noche, tras amplias discusiones sobre el impacto de la decisión, que incluye vías para ayudar a los alrededor de 17.000 trabajadores que se verán desplazados, señaló el jueves el subsecretario de Turismo, Frederick Alegre.
Más de dos millones de turistas visitaron Boracay el año pasado para disfrutar de sus paradisiacas playas, de sus espectaculares atardeceres y de su festiva vida nocturna, generando unos ingresos que rondaron los 56.000 millones de pesos (1.000 millones de dólares).
La isla podría mantener a 30.000 personas, pero rebosa con 70.000 en cualquier momento del año, incluyendo 50.000 residentes y la llegada diaria de unos 20.000 turistas, apuntó Alegre.
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