La polémica por la Concejala fantasma de la ciudad de Córdoba «tiene una explicación muy simple, en realidad se trata de una «desprolijidad» de un dirigente del Partido Justicialista de Córdoba» ya que ese lugar, el séptimo de la lista de Hacemos por Córdoba, correspondía al dirigente Juan Manuel Cid, «responsable» de definir quién lo ocuparía.
Si bien es algo que no se hace público habitualmente en política es más común de lo que muchos creen que a los candidatos a legisladores y concejales de los partidos los definen dirigentes, lo que no es habitual es la desprolijidad que ocurre en este caso donde el dirigente responsable de definir quién debía ocupar ese lugar decide cambiar a la candidata cuando las instancias políticas y legales estaban agotadas.
La verdadera situación ocurrida es que María Eva Ontivero, la candidata designada originalmente para ocupar el séptimo lugar en la lista, no habría aceptado ciertos condicionamientos exigidos por el dirigente responsable del lugar, lo que habría decantado en la decisión de cambiar a Ontivero por Florencia Mana cuando ya los tiempos políticos y legales no lo permitían, lo doblemente conflictivo de la situación es que en el medio queda involucrada la Junta Electoral Municipal, la Justicia Electoral Provincial y, convertido en escándalo político, termina rozando a autoridades partidarias.
Por esta razón es que Ontivero, con derechos legales adquiridos, reclama judicialmente ese lugar cuando en realidad ya sabía que Cid había definido «cambiarla» por Mana, y ahora la situación cobra una trascendencia inesperada por la implicancia judicial y constitucional que adquiere.
Demás está decir el malestar que hay hacia adentro del Partido Justicialista de Córdoba con el dirigente Juan Manuel Cid.
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