Un gato, llamado Gerry, que vive en Sacile, Italia, heredó nada más ni nada menos que una fortuna de 30.000 euros. Su dueña, que falleció a principios de enero, lo eligió como uno de los destinatario del dinero.
La propietaria dejó todo organizado para que a Gerry nunca le falte nada. En su testamento detalló que «en caso de necesidad, los herederos vendan joyas y muebles para proporcionar asistencia veterinaria y garantizar su bienestar».
Según la hija de la mujer, Gerry tiene cuatro camas para dormir —una distinta según su estado de ánimo— y come gambas dos veces al día. «Ella siempre nos enseñó a respetar todas las formas de vida para vivir con serenidad y en la fe de un Dios que considera a todas las criaturas por igual», agregó la hija.
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