En unos 20 días se oficializará el cambio que autoriza la irradiación de ocho categorías de alimentos. Ellas son bulbos, tubérculos y raíces; frutas y vegetales frescos; cereales y sus harinas, legumbres, semillas, oleaginosas y frutas secas; vegetales y frutas desecadas, hierbas secas y tés de hierbas; hongos de cultivo comestibles; pescados y mariscos; aves, carne bovina, porcina, caprina, otros y sus productos (frescos y congelados) y alimentos de origen animal desecados.
El efecto de conservación de la irradiación es provocado porque daña el ADN activo, hecho que sucede con más frecuencia en las bacterias, hongos y parásitos. No implica un aumento de temperatura significativo, por lo que las alteraciones nutricionales y sensoriales son ínfimas.
Daniel Perticaro, gerente general de Ionics enumera algunos beneficios de la técnica: “Se extiende la vida útil de los alimentos aun fuera de las condiciones de conservación recomendadas. Los productores pueden llegar a lugares más distantes y bajar los costos de los fletes, además que se evitan pérdidas por productos que deben tirarse porque se deterioran”.
También señala las ventajas que tiene para la salud de los consumidores. “Hay alimentos que pueden producir enfermedades que generan complicaciones”. Por ejemplo, la irradiación sirve para reducir los niveles de la bacteria responsable del síndrome urémico hemolítico.
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