La mayoría de las personas piensan que no tener sexo influye directamente en nuestra salud. Un reportaje del diario El País resuelve abiertamente esta duda y nos da resultados científicos que sí, dejan en claro que a mayor abstinencia hay menor inteligencia y más agresividad.
“Cuando se habla del cese de la actividad sexual, no por una causa voluntaria sino por algo que lo impide, hay estudios muy interesantes como los de Els Pazmany, que abordan los efectos sobre la autoestima de la persona o la idea del autoconcepto, aumentando el estado de depresión y ansiedad. En una persona que en un momento determinado ha tenido sexualidad y la cesa o la deja, el perjuicio es mayor porque es consciente de esa ausencia, y la afectación psicológica se acaba traduciendo en otros procesos fisiológicos y orgánicos”, señala la sexóloga clínica Francisca Molero, codirectora del Institut de Sexologia de Barcelona.
“La tendencia natural fisiológica sería siempre compensar a nuestro cuerpo: si estamos mal ynuestro nivel de dopamina o de serotonina disminuye por tener bloqueados los sistemas derecompensa, habría que recurrir a un mecanismo natural como el sexo para intentar desbloquearesa situación, pero no lo hacemos de forma espontánea por los condicionamientos sociales,morales y culturales que nos dicen que eso no está bien. Es un ejemplo de cómo la percepciónde nuestra salud y la influencia de la cultura a veces nos puede bloquearnos a la hora desolucionar nuestros problemas de salud”, reflexiona Molero.
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