Lo sabemos bien, las malas noticias siempre llegan. Podremos estar un tiempo esquivándolas pero tarde o temprano, deberemos conocerlas.
La cuestión, entonces, aceptado ese hecho insoslayable, pasa por cómo se prefiere recibir una mala noticia. Para la ciencia, la forma “ideal” es decirlo directamente. Pero con pre aviso, el célebre “tenemos que hablar”. Así lo determinó un estudio de los profesores de lingüística Alan Manning, de la Universidad Brigham Young, en Utah, y Nicole Amare, de la Universidad del Sur de Alabama, ambas en Estados Unidos.
“A la hora de recibir una mala noticia como el fin de una relación los seres humanos preferimos el estilo directo y al grano, sin medias tintas, rodeos ni paliativos que pretendan endulzarnos la realidad”, sintetiza el trabajo.
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