Una empleada de una universidad romana consiguió tomarse dos días de licencia para cuidar a su perro enfermo. La mujer dijo que su mascota, Cucciola, se recupera de una operación por tumor de seno y un problema de laringe. Como ella es una mujer soltera, tenía que faltar a su trabajo para llevarlo al veterinario y cuidarlo.
El Código Penal establece una pena de hasta un año de prisión y una multa de 10.000 euros a quien abandone a su animal o lo deje «sufriendo gravemente». Consiguió, con el apoyo jurídico de la Asociación Protectora LAV, inmediatamente que la institución el computara esos dos días como descansos pagados por «motivo personal grave o familiar».
Comentarios
comentarios