Movido por la necesidad de hallar una respuesta a la pregunta (¿Por qué mi caballo se pasa el día revolcándose en su propia porquería?), David Whitlock, que lleva 12 años sin ducharse, se puso manos a la obra. Tras realizar algunas investigaciones, descubrió que los caballos se frotaban con bacterias vivas para proteger la flora cutánea.
El químico tomó una muestra de estas bacterias beneficiosas, capaces de neutralizar organismos y sustancias peligrosos para la piel, y las añadió a un pulverizador, con el que ha estado rociándose desde entonces en sustitución de la higiene habitual. Estas bacterias, entre otras funciones, descomponen el amoniaco, que es el que causante del mal olor de nuestro sudor.
Todo esto forma parte de un intento por recrear las condiciones originales de la piel. Únicamente utiliza agua cuando necesita eliminar la suciedad. Aparte de eso, Whitlock procura no mojarse, porque al hacerlo destruiría la flora natural de la piel.
Por solo 49 dólares (43 euros), este espray ahorrará al que lo utilice la necesidad de ducharse constantemente y el uso excesivo de productos cosméticos, según asegura Whitlock. Charlamos con el científico por Skype sobre este estilo tan particular de higiene retro.
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