Cuando tenía dos años ya se sentía como nena, jugaba con muñecos a los que convertía en princesas y no dudaba en referirse a sí misma como una niña. Sus papás tomaban estos comportamientos sin prejuicios y la dejaban ser, hasta que un día se dieron cuenta de que pasaba algo más y de que debían escuchar atentamente los sentimientos de su pequeña.
Sebastián, su papá, y Laura, su mamá, lo primero que hicieron fue interiorizarse sobre la infancia trans. Rápidamente se conectaron con Gabriela Mansilla, la madre de Luana, la primera niña trans del país en obtener su DNI. Fue ella la que les confirmó que tenían una hija trans.
La pequeña le dijo a sus padres: «Este cuerpo no es mío, este pito no es mío. Quiero que vayas a mi jardín y le digas a mi señorita y a mis compañeros que yo soy una nena”
Sus padres comenzaron el camino para brindarle una nueva identidad, ya que al ver su DNI ella decía que no le pertenecía. Recurrieron a la Dirección Provincial de Diversidad que dirige Adrián Urrutia. Desde allí comenzaron a realizar todo lo necesario para darles la información que necesitaban, el apoyo psicológico y la asistencia jurídica para concretar el renacer de su pequeña.
Luego de una última reunión que se realizó en Casa de Gobierno, la pequeña logró tener una nueva acta de nacimiento con la que tramitó su documento de identidad.
Comentarios
comentarios