¿Cuál es el mejor momento para abandonar una fiesta?

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Si sabemos mantener una conversación cuando acudimos a una fiesta, a un banquete o a cualquier otro tipo de evento o reunión, también deberíamos aprender a saber cuándo podemos o debemos marcharnos.
Si «una retirada a tiempo es una victoria», en muchos eventos esta podría ser la máxima a tener en cuenta. Es muy poco elegante, esperar a que nos «inviten» a irnos, bien de forma directa o bien de forma indirecta, o por medio de indirectas. Saber retirarse a tiempo es una virtud que suele acompañar a las personas prudentes.
¿Cuál es el mayor inconveniente?
Conocer a los anfitriones de ese encuentro o bien conocer un evento similar en el que hemos participado con anterioridad. Cuando una persona tiene este conocimiento previo, suele saber cuándo debe dar por finalizada su participación. Si conocemos bien a los organizadores, podemos saber que los anfitriones son dados a largas conversaciones de sobremesa, o bien que les gusta participar en juegos de mesa, etc. No debemos disgustar a los anfitriones retirándonos demasiado pronto. En otros casos, cuando no conocemos mucho o poco a los anfitriones, podemos observar a los demás invitados y ver cuándo empiezan a irse. No seamos los primeros ni los últimos en irnos, salvo por razones extraordinarias.
¿Cuál es el momento adecuado?
Cuando se han ido los primeros invitados, salvo que estemos participando en una estupenda conversación o tengamos algún compromiso pendiente, puede ser buen momento para pensar en retirarse. Siempre es bueno dar una pequeña excusa o disculpa: «tengo que madrugar (si es una cena), voy a acompañar a…», «me están esperando», etc. Siempre algo sencillo y creíble, nada de buscar excusas de película o ciertamente inverosímiles. Hay otros momentos, en los que aunque no tengamos pensado irnos, podemos interpretar que los anfitriones desean terminar: miradas insistentes al reloj, retirada de comida y/o bebida, gesto de cansancio en los anfitriones, etc.
Por nada del mundo se nos debe ocurrir realizar gestos de cansancio o aburrimiento para «provocar» a los anfitriones que nos inviten a abandonar la reunión si estamos cansados. Es una falta de educación y una grosería tener este tipo de comportamiento.

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