Inicio Economía Ni la Alianza, ni la crisis del 2001, ni los K, tuvieron...
La inflación fue del 2,6 por ciento en diciembre a nivel nacional, con lo cual llegó en doce meses a un 47,6 por ciento, el mayor registro en 27 años.
El 2018 fue el año de más alta inflación si se tiene en cuenta todo el período de convertibilidad, el período de la Alianza, la crisis de 2001 y los tres gobiernos kirchneristas.
En noviembre y diciembre la inflación se moderó frente a los meses explosivos previos, sigue muy alta y el BCRA comunicó que “debido a que la política monetaria actúa con rezagos, a correcciones de precios regulados y acuerdos salariales pendientes, se espera que la inflación mensual se mantenga en estos niveles en los próximos meses”. Es decir, la autoridad monetaria reconoce que la inflación tardará al menos todo el verano en mostrar mayor moderación.
Del impacto de la avalancha de precios el año pasado, una cuarta parte se explica por alimentos y bebidas, que subió un 51,2 por ciento en doce meses. Según el Indec, el kilo de harina estaba hace un año 11 pesos y el mes pasado llegó a 30 (suba del 172 por ciento), mientras que el arroz blanco pasó de 22 a 38 pesos (77 por ciento). Durante 2018, se duplicó el precio de los fideos tipo guiseros, de 20,50 a 41 pesos y el pollo subió de 39 a 64 pesos (64 por ciento). El aceite de girasol de 1,5 litros pasó de 55 a 98 pesos (78) y el sachet de leche, de 22,80 a 33,50 pesos (47,0).
El año pasado comenzó con un dólar de 18,95 pesos y terminó en 38,83 pesos, un avance punta a punta del 105 por ciento. Y el Gobierno nacional acompañó la tensión inflacionaria con un refuerzo en la quita de subsidios en servicios públicos, con lo cual alimentó directamente el alza de precios. El rubro vivienda, agua y electricidad subió el año pasado un 45,7.
El salario real promedio del sector privado registrado, según el Ministerio de Trabajo, acumuló hasta octubre de 2018 una caída del 10,9 por ciento. En peor posición están los trabajadores no registrados, que ascienden a un tercio de los trabajadores y mucho peor, los desocupados.
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