Hay muchas razones para recomendar un mayor consumo de frutas, legumbres y verduras en nuestra dieta diaria, pero una de las más inconsistentes es la de afirmar que la humanidad es vegetariana por naturaleza. Si bien no está mal alimentarse más con vegetales, la afirmación no es del todo cierta. Así lo ha puesto en evidencia una investigación que sostiene que el ser humano evolucionó gracias a que incorporó la carne a su alimentación, informa Time.
¿Cómo puede esto haber dado paso a la evolución? La respuesta está en el proceso masticatorio. En pruebas realizadas en 24 personas, se les indicó que debían comer vegetales y carnes crudas a fin de identificar qué alimentos eran más fáciles de masticar y comer sin ser cocinados. Llevar al fuego los alimentos fue una práctica que comenzó hace unos 500.000 años.
Los estudios encontraron que la carne sin cocinar ofrece ciertas ventajas tanto al masticarla como al digerirla. En primer lugar, los movimientos de masticación se reducen un 17% frente a la carne cocida, mientras que la mandíbula necesita aplicar 20% menos de fuerza. En segundo lugar, la digestión requiere 41% menos de esfuerzo para procesar los nutrientes. En resumen, ingerir carne requería de un 39% a un 46% menos de esfuerzo del organismo, siendo más eficiente nutricionalmente.
A la luz de estas investigaciones, los antropólogos concluyeron que el consumir carne llevó al Australopithecus y a otras especies de homínidos a dedicar menos tiempo a masticar vegetales, como lo hacen los chimpancés modernos. Este cambio de dieta hizo que la mandíbula se hiciera más pequeña, permitiendo a los homínidos mantener la cabeza más tiempo en alto y el cuerpo erguido, lo que facilitó el desarrollo del lenguaje. Igualmente, el mayor consumo de proteína animal desarrolló el cerebro, un órgano cuyas demandas de energía son frecuentemente elevadas.
El estudio da al traste con la creencia de que hay que ser obligatoriamente vegetariano. Algo muy diferente es reconocer que existan personas que deciden dejar de comer algún tipo de alimento por cuestiones morales, filosóficas o religiosas. De hecho, muchas culturas y religiones lo hacen desde hace siglos. Esto es comprensible, tanto como entender y respetar a quienes prefieren ser carnívoros.
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