Juan Carlos Olave a los 41 años volvió al arco en la misma cancha de sus inicios. No atajaba desde el 18 de diciembre del año pasado pero no se quería retirar sin cumplir con un pacto personal, ese tipo de promesas que se le hacen al primer amor: jugar para Las Palmas.
Lo hizo enfrentando a Alumni en el Viejo Camino a la Calera, festejó fervorosamente cada gol del equipo en un 2-0 vital, miró de reojo cuando el técnico mandó el último cambio a la cancha, por si era Thiago, su hijo, y la tarde terminaba más redonda aún; y al final voló a puro reflejo para asegurar el arco invicto. Las Palmas, para Olave. La ovación, también.
Unas 3.000 personas le dieron un gran marco al viejo estadio para un domingo distinto. Y el Juanca lo valoró en el saludo final, mientras se sacaba fotos con sus compañeros, “unos guerreros”, como los denominó, y con los rivales.
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