Por las semifinales de la Copa América de 1989, se enfrentó el Club Atlético Nacional del Medellín contra el Danubio de Montevideo. Para éste encuentro se eligieron a tres árbitros argentinos. Se trataba del segundo partido, pues en la ida habían empatado 0 a 0 en el Estadio Centenario. O sea, pasaría a la final quien resultara ganador de esta revancha.
Cerca de la una de la mañana, tres jóvenes con ametralladoras a cara descubierta y un señor de cerca de 40 años vestido de negro destruyeron la puerta de la habitación del hotel a culatazos y entraron gritando desaforadamente cual allanamiento policíal. Allí les dijeron que había 50.000 dólares para cada uno, solamente tenía que ganar el Nacional, y que si esto no pasaba los matarían. En el momento del partido encontraron en el vestuario una corona de flores gigante colgando de una de las paredes y un crucifijo con tres velas. ¿Una para cada uno si no ganaba Atlético Nacional de Medellín?
Antes que finalizara el primer tiempo Nacional se imponía por 3 a 0 y el partido terminó 6 a 0 con cuatro goles del Palomo Usuriaga, uno de Alexis García y el otro de Niver Arboleda.
En la final el equipo colombiano enfrentó al Olimpia de Paraguay. Para el segundo encuentro se designó a otra terna de árbitros argentinos. Olimpia, había ganado el partido de ida en el Defensores del Chaco por 2-0, se fue a concentrar a Cali, la ciudad de quienes «competían» con Pablo Escobar. Se sostuvo que le dieron respaldo logístico al club paraguayo.
Juan Carlos Loustau, Jorge Romero y Francisco Lamolina se alojaron en el hotel Tequendama. Mientras cenaban la noche anterior a tan esperado partido, una persona con gesto adusto, modales ordinarios, vestido con un traje negro, paso acelerado y mirada intimidante se detuvo junto a la mesa y les acercó un maletín al tiempo que les decía en voz baja pero enérgica: «Colombia no puede perder más finales». Apoyó el maletín en el piso tocando la parte baja de la mesa y al tiempo que Romero y Lamolina se pusieron de pie para pelearlo, el delincuente se abrió el saco y mostró un arma encajada en su cintura.
Como no podía ser de otra manera, la terna arbitral argentina tuvo una actuación impecable. Pero el partido lo ganó Nacional por 2 a 0 con goles de Fider Miño y Albeiro Palomo Usuriaga y entonces había que patear tiros libres desde el punto del penal para definir quién sería el campeón. Finalmente el conjunto colombiano obtuvo el título.
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