La verdadera primavera, la astronómica, comenzará en esta región exactamente a las 4 horas 51 minutos 2 segundos del 23 de septiembre, según precisa el anuario del Instituto Copérnico de Rama Caída.
Es que si bien por calendario la estación de las flores (y las alergias) arranca siempre el 21 de septiembre, otra forma, en este caso científica, de medir su inicio es la astronómica, a través del equinoccio.
Incluso hay otras formas de medir el inicio de la estación nueva. Los meteorólogos la arrancan el 1 de septiembre por una cuestión de estadísticas, y hay quienes prefieren guiarse por la fenología (ciencia que estudia el vínculo entre el clima y el comportamiento de los seres vivos), marcada por hechos como la migración de las aves o la floración.
Más allá de todo eso, lo cierto es que este sábado 21 la mayoría le dará la bienvenida a la primavera porque así lo indica la convención social. En el hemisferio Norte le dirán hasta luego al verano y hola al otoño.
Los equinoccios son los momentos del año en los que el Sol está situado en el plano del ecuador celeste. Ese día, y para un observador en el ecuador terrestre, el Sol alcanza el cenit (el punto más alto en el cielo con relación al observador, que se encuentra justo sobre su cabeza). El paralelo de declinación del Sol y el ecuador celeste entonces coinciden.
Ocurre dos veces por año: el 20 o 21 de marzo y el 22 o 23 de septiembre de cada año. Como su nombre indica, en las fechas en que se producen los equinoccios, el día tiene una duración aproximadamente igual a la de la noche en todos los lugares de la Tierra. La duración no es exactamente igual debido al tamaño del Sol (respecto a su punto central), y a la refracción atmosférica, que provocan que haya diferencias en la duración del día en diferentes latitudes.
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