El pan es un alimento básico en la alimentación de los argentinos. Es cierto que en épocas de hambruna y escasez fue básico para la supervivencia.
Según el famoso estudio ANIBES (Antropometría, Ingesta y Balance Energético en España), el pan es el alimento que más calorías aporta a los españoles. Este exceso de consumo de pan tiene dos problemas: la pésima calidad de la mayoría de panes que se venden hoy en día, y que cuando comemos demasiado pan estamos dejando de comer alimentos saludables y protectores como las frutas, verduras, frutos secos y legumbres.
Pero si sabemos que este alimento no es indispensable y que encima su calidad deja mucho que desear, ¿por qué no dejamos de comer pan? Muchas personas responden igual: “No puedo, lo necesito”.
¿Adicción al pan?
Es muy frecuente esta en consulta y que sea una misión imposible intentar reducir o eliminar el pan de la dieta del paciente. Las personas que comen frecuentemente pan no pueden dejarlo. Se han convertido en “panadictos”.
¿Por qué engancha?
Nuestro sistema nervioso tiene unos receptores llamados “receptores opioides”, que pueden conectar con sustancias opiáceas capaces de anestesiarnos y sedarnos o producir euforia en nuestro sistema nervioso, bloqueando y mitigando la sensación de dolor. Esto pasa, por ejemplo, cuando hacemos ejercicio, ya que se liberan endorfinas, que nos dan esa sensación de bienestar. También hay otra sustancia opiácea relacionada con la adicción y no es otra que la dopamina. Y todo ello tiene que ver con el pan.
¿Es el pan una droga?
Pues casi. Hay estudios que sugieren que durante la digestión del gluten, sus péptidos (un tipo de moléculas) podrían tener capacidad para activar nuestros receptores opioides, y esto provocaría efectos adictivos. A estos péptidos se les conoce como exorfinas del gluten y se han encontrado en la sangre de personas celíacas, habiendo también evidencia en estudios animales.
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