Un estudio utilizó clips de video con imágenes muy breves, silenciosas y en blanco y negro. Sin un contexto, más allá de las formas de los cuerpos en movimiento, los investigadores pidieron a los participantes que calificasen su respuesta emocional, si les gustaban o no les gustaban los movimientos, o los encontraban felices o tristes. Los participantes clasificaron los videoclips que contenían los movimientos redondeados, como el arabesco curvado hacia arriba, como significativamente más positivos que los clips con movimientos más agudos y nerviosos.
«Debe haber algún tipo de mecanismo universal en el que nuestro sistema perceptivo entienda que la forma redondeada es buena y que la nerviosa puede ser peligrosa», señala Julia F. Christensen, investigadora de la Unidad de Investigaciones de Neurociencias Cognitivas de la Universidad de la Ciudad de Londres.
La evidencia sugiere que el entrenamiento en estas expresiones físicas hizo a los bailarines más sensibles a ellos. Esto indica un potencial interesante, que los mecanismos neurocognitivos que hacen las personas mas sensibles puedan ser entrenadas.
Christensen, cree que su investigación muestra «por qué todo el mundo debe bailar». «Nuestra investigación indica que el entrenamiento de la danza podría ser una manera de que fueras más consciente de las emociones», agrega.
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