El Paro convocado por todas las organizaciones gremiales del país no tuvo la adhesión popular de otros tiempos, es la verdad, y no es para menos, como la mayoría de las veces la gente tiene razón.
Más allá de los números, los gremios dicen que fue masivo, el gobierno dice que no tanto y los que hacen estadísticas muestran que mas o menos, la realidad es que, excepto en los sectores de administración pública, el Paro no fue una medida de fuerza sentido por la mayoría de la gente en la Argentina.
Y hay que decir toda la verdad, la burocracia sindical y la propia percepción social de los dirigentes gremiales tienen mucho que ver con la adhesión cada vez más escasa que tienen sus iniciativas, es que la gente no es tonta, conoce a los dirigentes desde hace muchos años, ve que siempre son los mismos y además ve que cada vez están más enriquecidos, los dirigentes y sus seguidores podrán esplicarlo como quieran pero esa es la realidad.
Los Moyanos, los Barrionuevo, los Daer, los Sobrero, los uom, los smata, los uocra, cualquier sindicalista en este país se enriqueció obscenamente y desde ahí, desde su riqueza obscena y corrupta ya no tiene autoridad para decirle nada a nadie.
Pero esa es la mitad de la realidad, la otra mitad es que más allá de los sindicalistas el país está mal, Argentina está mal porque mucha gente está muy mal, porque cada vez es más la gente que no tiene para comer y la que «se la rebusca como puede», porque cada vez hay menos trabajo y porque el futuro es incierto.
Entonces la cuestión es, más allá de Si Paro o No Paro ¿cómo se arregla esto? ¿cómo se hace para que los argentinos estemos mejor? la primera impresión es que la mayoría no se lo plantea demasiado y que lo único que se le ocurre es agachar la cabeza y empujar como creyendo que así va a cambiar las cosas, malas noticias para toda esa gente, las cosas no se mejoran por mucho que se empuje sino buscando la raíz del problema y su solución.
Y la cuestión es que los problemas tienen un sólo nombre, la economía doméstica por culpa de la política, o mejor dicho de los políticos.
Y en plan de decir todo lo decimos, los políticos, casi todos, son iguales que los sindicalistas, atornillados a sus cargos, enriquecidos sin que nadie entienda cómo, y aqui también cabe la expresión «la gente no es tonta» ¿a quién le pueden hacer creer que se ganaron lo que tienen cuándo todos saben que cuando llegaron a la política no tenían nada?
Y cuando decimos que los políticos, casi todos, están atornillados a sus cargos y, la mayoría, tienen una patrimonio enriquecido igual que los sindicalistas decimos todos, no una parte, no la mitad, todos.
Sin embargo por imperio de la propaganda, de la manipulación de la opinión pública a través de los medios de comunicación tradicionales y también de las redes sociales los argentinos, la mayoría, parecen no identificar la realidad, envueltos en una discusión inútil de quiénes son los buenos y los malos transcurren los días sufriendo su realidad diaria sin hacer nada.
En otros tiempos, cuando los gremialistas no eran corruptos ni enriquecidos y la gente les creía los paros eran una forma de reclamar por lo que se creía injusto o malas decisiones de los gobiernos, hoy ya no lo es, entonces ¿qué hacemos? ¿seguimos diciendo que «la culpa es de Cristina» aunque eso no solucione nada? ¿qué hacemos? ¿seguimos diciendo Yo No Paro?.
Es un momento coyuntural para la historia de nuestro país y los argentinos tendrán que resolver si quieren hacer algo o seguir dejando que todo se les venga encima y los aplaste.
Daniel Ponce, Director de NUESTRA Córdoba
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