Muy triste. Por su sobrepeso le hacían bullying y decidió quitarse la vida

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En Bandera, una pequeña ciudad de Santiago del Estero, hay solo dos casas velatorias. Edgardo, el dueño de una de ellas, está preocupado: «Acá está pasando algo raro con los chicos jóvenes”. Se refiere a que el suicidio de Gabriel F., se convirtió en uno de los cinco suicidios de niños y adolescentes que conmocionaron a los habitantes en los últimos años.
Hacía tres meses que su mamá le había sacado el celular, después de que las maestras se quejaran porque los alumnos no prestaban atención en clase. Además, había muerto una perrita a la que él quería mucho. Tanto, que después de enterrarla en su casa, Gabriel le escribió una carta.
«Además, su hermana contó que estaba triste porque en el colegio le decían gordo», detalló a Andrea Darwich, la fiscal a cargo de la investigación. Si Gabriel estaba sufriendo bullying, su hermana de 14 años era la única que lo sabía.
El lunes, fue a la escuela por la mañana, regresó al mediodía y volvió a la escuela a acompañar a su hermana. «Ella lo notó raro, él se despidió y le dijo que la quería mucho, que se cuidara. No entendió por qué, no era un niño demostrativo», ahondó la fiscal. Llegó a su casa a la hora de la siesta, cuando su madre y su abuela estaban acostadas en el comedor, en la única parte de la casa en la que hay aire acondicionado. El niño se encerró en la habitación de su hermana y se disparó con el arma que su padrastro usaba para cazar.

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