Cada día, Yukio Shiege trepa las columnas de basalto de Tojinbo, un espectacular acantilado sobre el mar de Japón. Lleva una gorro de pescador y de su cuello cuelgan unos binoculares. Los levanta, los coloca delante de sus ojos, y mira la costa. Busca persona paradas sobre frente al vacío. Mira sus rostros. Trata de detectar almas en pena. Cuando ve una, camina hacia ella.
Casi nadie se suicida los día de lluvia. Lo hacen cuando vuelve el sol y la gente sale a pasear, lo que les recuerda, por contraste, su sufrimiento. Los suicidios aumentan durante la crisis financieras y, aunque parezca contradictorio, cuando llega la primavera y los colegios empiezan las clases y aumentan las presiones de la vida cotidiana, según le contó a Los Angeles Times.
Yukio Shiege tiene 73 años. Desde que se jubiló como policía, hace 15 años, repite su rutina diaria y cuenta que ha logrado hacer retroceder del precipicio a 609 personas que estaban a punto de saltar.
«¿Cómo los salvo? Me acerco como un viejo amigo», cuenta. «‘¡Ey, ¿Cómo estás?!!’, les digo. Son personas que están pidiendo ayuda. Están esperando que alguien les hable».
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