A través de imágenes satelitales, por investigadoras de la Facultad de Ciencias Químicas y del Instituto de altos Estudios Espaciales «Mario Gulich» (UNC-Conae), realizaron un informe del impacto del sistema de aireación artificial instalado en el lago San Roque en octubre de 2008.
El dispositivo de aireación consiste en siete tubos de un kilómetro de largo que liberan aire presurizado, su función es la de aportar el oxígeno que necesita un tipo de bacteria especial para descomponer la materia orgánica.
En comparación entre las fotografía tomadas por el Landsat-5 en 2004, y las registradas por el Landast-8 en 2017, revelan que esa iniciativa ayudó a reducir la presencia de algas, pero un estudio realizado con imágenes Terra-Modis revela que la calidad del agua del embalse se está deteriorando con el paso del tiempo. La conclusión de los investigadores es que los aireadores no alcanzan para frenar el avance de la acumulación de residuos orgánicos en el lago.
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