Dejó el gluten y cambio su vida

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Durante años Andrea buscó una forma de alimentarse que la hiciera sentir bien y que la ayudara a adelgazar unos kilos que tenía de más. Con el tiempo también se convirtió en profesora de educación física y llegó a dar hasta seis clases diarias de spinning. Sin embargo, la adicción a las harinas iba en aumento.
Luego de ser madre, Andrea decidió ser vegetariana, y aunque había tenido muchos lapsos de vegetarianismo previamente, nunca había podido sostenerlo tanto tiempo
A fines de 2016 llegó a las manos de Andrea un libro que le resultó revelador: Cerebro de Pan. «El gluten genera una adicción similar al de cualquier sustancia que actúa a nivel del circuito cerebral de recompensa», dice Andrea y cuenta que apenas terminó el libro se propuso dejar las harinas blancas, el azúcar y los alimentos procesados.
Las primeras semanas sin harina cuenta que fueron difíciles y si no mantenía la cabeza ocupada, caía fácilmente en la tentación y terminaba reprimiéndose las ganas de comer, se frustraba y comía mucho de otra cosa sin harinas, pero con el tiempo la adicción fue cediendo.
Luego de 9 meses, afirma que ya no vive su alimentación como una lucha, que puede ver pasar la comida más tentadora repleta de gluten que no le llama la atención. De todas formas dice que si en algún momento tuviera deseo de comer algo con gluten, lo haría, siendo consciente del malestar que le generaría después. Hoy se siente «recuperada de una adicción» con más energía y vitalidad, deshinchada y con mejor humor.

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