Bajo una pesada lámpara francesa del siglo XIX, el peluquero más famoso de argentina, Oscar Colombo, alisa la extensión de pelo rubio que pondrá a una de sus clientas.
«La argentina quiere rubia porque está en una constante búsqueda de su pasado europeo», le dice a BBC Mundo, al son de secadores de pelo y sprays fijadores. «Porque nació así, porque se tiñó, porque se decoloró o por lo que sea; pero todas acá quieren ser rubias», asegura.
Colombo, cuya rutina se reduce a viajar y peinar mujeres por el mundo, tiene su peluquería en el elegante barrio de la Recoleta, en Buenos Aires, la ciudad a veces calificada como la «París latinoamericana». Son tres pisos de una casa —también francesa, también del siglo XIX— por donde desfilan las joyas de la ancha farándula criolla.
Entre risas, el estilista continúa: «Yo tengo un amigo francés, peluquero, que dice que le encanta venir a Argentina porque es el único país donde hombres y mujeres son de razas diferentes: ellas rubias, ellos morochos».
Importantes figuras de la historia argentina son o fueron rubias en algún momento: el símbolo político de Eva Duarte, Evita; la primera presidenta mujer, Isabel Martínez de Perón; la famosa presentadora y actriz Mirtha Legrand; la diva de la televisión Susana Jiménez; la modelo Valeria Mazza, de quien se dice teñía el pelo de sus hijos. De rubio.
«Ser rubia en Argentina te da seguridad, te permite entrar cómoda a un lugar», dice Colombo.
Según una encuesta realizada en 2016 por la firma de cosméticos francesa L’Oreal (la más reciente que ha realizado), el 66% de las argentinas dice querer ser rubia.
El sondeo también encontró que Argentina es, entre las principales economías de la región, el país donde las mujeres tienen el pelo más largo y la mayor frecuencia de lavado. Seis de cada 10 argentinas cambian su color de pelo y cuatro de cada diez eligen hacerlo en peluquerías.
El 70% de las argentinas van a la peluquería regularmente, la mayoría de ellas a teñírselo, dice el mismo Beauty Report de L’Oreal.
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